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lunes, 16 de marzo de 2026

16/03/2026: Algo más que "control por MAP"

La puerta del consultorio se cierra al final de la mañana y son ya treinta las veces que he oído chirriar ese quicio con amargura. El teléfono espera impaciente a que, aprovechando el silencio que queda tras el portazo, marque los números que aparecen en mi pantalla junto a mi nota "llamar control bronquitis".

Son siete los tonos que suenan sin que haya respuesta, y recibo con extrañeza el pitido ininterrumpido que pone fin a la llamada.  Repito el ritual pero no salgo de mi asombro. Si sabía que la llamaría hoy, no entiendo porqué no me responde.  Busco en mi ordenador el nombre de su marido pero me dirige a la misma serie de dígitos, a una nueva llamada sin respuesta.  Los datos de su hijo son fácilmente deducibles y conducen a un número de teléfono diferente.  Contesta, no sabe nada, ni dónde está su madre, ni menos aún que hoy teníamos que hablar.

Decido ir a buscarla, no puede estar muy lejos de su casa con la tos y las pocas ganas de hablar que ayer tenía. Pero nada más abrir la puerta de la consulta, su marido me sorprende en la sala de espera sosteniéndola del brazo. Han venido porque no se encuentran bien ninguno de los dos, han compartido una muy mala noche de tos y falta de aire.  Ella empeoró repentinamente hace un par de horas. 

Se sienta jadeando, con ayuda, no tiene fuerza para estar de pie.  Me mira como si yo hubiera hecho algo mal, como si hubiera tenido la culpa de lo mucho que ha empeorado hoy.  Me estremezco, su mirada me hace daño, pero ahora tengo que ayudarla, aunque me duela.

Su tórax suena muy distinto, oigo silbidos buscando una entrada y una salida.  Su saturación hoy se queda en notable alto. Dejo puesto el termómetro pensando que algo no va bien, y quizá tenga razón y ayer pasé por alto alguna señal.  No encuentro en mi memoria los datos de alarma que hoy se sientan frente a mi.

Como una autómata le coloco las gafas de oxígeno, le doy un vaso de agua y un fármaco en el que confío para hacer efecto tan rápido como sea posible si lo muerde y se lo coloca bajo la lengua como le explico.  Mientras tanto, preparo como si se tratase de una poción, la mezcla de medicamentos que, al convertirse en vapor dentro de una mascarilla, pueden conseguir que todo vuelva a ser como antes.  Tose y no me permite colocar la incómoda mascarilla sobre su cara. Tengo la suficiente confianza como para pedirle a su marido sin mediar palabras, que por favor me ayude. Él logra colocar con mimo el aparato frente a la nariz y boca de su esposa, con una suavidad que yo no he sabido transmitirle. 

Pita el termómetro y me sorprende con la fiebre que ayer no tenía, un antitérmico será lo siguiente en administrar, y yo me tengo que calmar.

El pulsioxímetro saca mejores notas cuando la mascarilla lleva un rato burbujeando, y mientras tanto llamo a una ambulancia y les explico lo ocurrido.  Para cuando vienen a por ella ha mejorado bastante la fiebre, la tos, el esfuerzo por coger aire, y la angustia de todos. 

Ha tenido miedo, y yo también. Ha dudado de mi, y yo también. Pero ahora me coge la mano, me da las gracias por todo, y me desmonta.

La bronconeumonía vírica fue lo de menos, me asustó ver que podía haberle hecho daño.  En el informe del hospital redactaron "Acude en SVB con insuficiencia respiratoria aguda y fiebre 38ºC, valorada hace 24 horas por su MAP que inició tratamiento broncodilatador". Oigan, no soy su MAP, soy su médica.  La vi ayer y la he visto hoy, aunque no parecía la misma persona.  Y no "acude", porque soy yo quien la envía al hospital, donde la insuficiencia respiratoria y la fiebre ya habían desaparecido. 

Una radiografía, una analítica y 5 horas después "antibiótico, corticoide, inhaladores, jarabe, alta y control por su MAP" no reflejan bien todo lo que habíamos pasado.  El título que dan al episodio es "bronconeumonía" y el documento que resume lo ocurrido no me sacan de dudas. Tengo que investigar más allá de ese informe de alta, tengo que hacer algo más que "control por MAP".  

Descubrí que el primer dia que nos vimos en consulta y que acordamos empezar un par de inhaladores para su bronquitis, ella no los llegó a sacar de la farmacia.  No porque no hubiese entendido que eran necesarios, sino porque en el botiquín del pueblo no los tenían disponibles.  Y por no molestar a su hijo para que lo trajera de otro sitio, y por no hacer el feo a la farmacéutica, y por no molestarme a mi que los hubiera cambiado de mil amores por otros similares; sencillamente compró jarabe para la tos y encargó los inhaladores para otro día.

No sé si el desenlace hubiera sido el mismo o no, si realmente pasé por alto alguna cosa, o si pudimos prevenir el tremendo susto.  Sólo sé que mi paciente se encuentra bien y confía en mi; que nos hemos perdonado, que yo conozco mejor las limitaciones de mi medio, conozco un poco más a mi paciente y su forma de afrontar la enfermedad, y me conozco un poco más a mi.

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