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miércoles, 11 de junio de 2025

11/06/2025: "Haul" de medicina de familia

 ¿Los "influencer" médicos de familia existen?  

Me he encontrado en las redes sociales muchas personas que hablan de salud con más o menos acierto, algunos sanitarios que divulgan sobre ciencia con más o menos rigor, y muy poquitos médicos de familia que transmiten mensajes importantes para sus pacientes o sus compañeros.  No es fácil, pero voy encontrando personas que tienen rincones en internet que son de total confianza y esconden auténticos tesoros.  No es fácil, porque el formato en el que presentan sus contenidos no se parece, ni puede parecerse, a la vorágine de vídeos "shorts" con la que los "influencers"  secuestran nuestra fugaz atención.

Últimamente, me bombardean los vídeos en los que un creador de contenido se dedica a desempaquetar con entusiasmo montones de bolsas, paquetes y cajas de diferentes productos que acaba de recibir o comprar.  Y el contenido puede ser tan variopinto como ropa y accesorios, juguetes, comida o dispositivos tecnológicos. Y mientras lo hacen muestran sorpresa, decepción o satisfacción según se acerque o no a sus expectativas sobre cada producto.  A este extraño ritual lo han denominado "haul" o "unboxing". Cuanto más variado e inesperado, más atractivo y mejores valoraciones.  Me parece un proceso bastante laborioso, entretenido y, aunque os parezca una locura, me recuerda un poco a mí en la consulta.

¿No es la intriga de recibir algo nuevo cada día, a veces no saber lo que recibirás, otras desentrañar el misterio de si lo que has pedido responde a tu expectativa, lo que engancha tanto en estos vídeos?  ¿Y no es lo mismo lo que tanto me atrae de mi especialidad?  Si yo fuese "influencer" podría publicar un "haul" de pacientes cada semana, incluso cada día, y el entretenimiento estaría asegurado.  Pocos médicos manejan tan alto nivel de incertidumbre, ven patología tan variada o tienen consultas de índole tan diferente como las nuestras, como las del médico de familia.  Nuestros "hauls" reventarían las redes sociales.  

Pensando en lo que atendí la semana pasada, recuerdo que pasaron por el consultorio muchos pacientes.  Algunos eran mis propios encargos: esa infiltración de rodilla que acordamos que viniese el día más apropiado para el reposo posterior, esa consulta para subir la dosis de un tratamiento del dolor que intentamos controlar, esa paciente que me trae cada mes sus cifras de tensión apuntadas, la revisión de esa herida que cosí con paciencia...

Otros estaban por desenvolver: la espirometría que pedí, los resultados de la analítica, la respuesta de ese compañero al que pedimos opinión, ese paciente que se llevó dos inhaladores la semana pasada vino a comprobar que era lo correcto... 

Pero tuve varias sorpresas que cuando estás haciendo un "haul" puedes llamar "mistery box".  Una consulta sobre tabaco salió de una laringitis aguda.  Una petición de informe de dependencia me hizo salir a un domicilio.  Encontré en el "unboxing" de un insomnio, un profundo pesar por un fracaso.  Empecé la consulta con una paciente y acabamos detectando un signo de alarma en su hija.  Dos pacientes con semblante similar, con la sonrisa débil y desviada, acabaron de formas diametralmente opuestas.  La más mayor caminaba y estrechaba mi mano con discreta dificultad y me rompió la consulta igual que lo hizo su cuerpo, por la mitad.  Sigue ingresada en el hospital.  El más joven, aunque aún no puede guiñarme el ojo, se va recuperando en casa con fisioterapia y medicación.  

La mesa terminó siendo el reflejo de la semana, quedaron encima artilugios y cachivaches, informes, recetas, agendas.  Pasó por allí desde un niño pequeño hasta una anciana en silla de ruedas, atendí desde la herida del pie hasta el dolor de cabeza, desde la renovación de una receta hasta el código ictus.  A veces intuí cuál era el motivo de consulta, otras no lo vi venir.  Cada paciente que entró fue un envoltorio que quitar, a veces con intriga, con satisfacción, otras con pesar, a veces con un poquito de inseguridad.

En otras consultas los pacientes llegan ya desempaquetados y clasificados.  Imagínate el "haul" del compañero de oftalmología que hoy pasa consulta de catarata, apasionante a su manera, seguramente.  En otras consultas los pedidos llegan sólo programados, pero a mi en cualquier momento me puede llegar algo urgente.  En otras consultas, una vez desenvuelto el paciente finaliza la asistencia, pero yo nunca termino mi "haul", mis pacientes siempre serán mis pacientes, yo no sé lo que es dar el alta.

Yo no valgo para "influencer", no soy ejemplo de nada, mi consulta es variada y encierra sorpresas que os encantaría conocer, pero también es el territorio donde cuido, aprendo, disfruto e incluso sufro, y quiero que siga siendo solamente para mis pacientes y para mi.  

Yo sólo escribo lo que veo, pero hay compañeros que sí son excelentes divulgadores, y por ellos me dejo influir confiadamente.  Es importante seleccionar bien los referentes en la información que recibimos como médicos, es importante hacer lectura crítica, librarse de los humos de la industria farmacéutica, tener una óptica plural y enriquecer nuestra opinión conociendo la de quienes antes se han ganado el derecho a opinar.  Admiro la labor de las personas y los grupos que resisten comunicando con prudencia en medio de la infoxicación. 

Y para terminar, aquí viene lo que estabais esperando: 

"HAUL DE BLOGS QUE MERECE LA PENA SEGUIR"

miércoles, 20 de noviembre de 2024

21/11/2024: Los médicos de hoy en día… ¿a qué estamos dispuestos?

Hace algunas semanas escuché una entrevista radiofónica en la que un experimentado médico de familia se aventuraba a afirmar que “los médicos de hoy en día no son como los de antes”. Esta frase que, a priori, parece una obviedad si quiere decir que las profesiones cambian adaptándose a los tiempos y a los contextos, se llenó de connotaciones negativas a lo largo de la entrevista, con un colofón en el que se afirmaba que los jóvenes médicos de familia no estamos tan dispuestos a trabajar como aquellos médicos que iniciaron su carrera profesional hace más de 30 años. No sólo es el testimonio de este compañero, también escucho sentencias similares en otros muchos lugares y por boca de otras muchas personas. Me refiero a afirmaciones como “no quieren coger el coche para ir a trabajar”, “no les gusta el medio rural”, “no quieren hacer guardias”, “no quieren coger contratos de atención continuada”. Creo que se alimentan de titulares como: “quedan desiertas 150 plazas de atención primaria”, “movilizaciones por la falta de médicos”, “situación crítica por vacantes de médicos” … Saben a lo que me refiero, ¿verdad? Porque, quien más quien menos, ha leído alguna noticia sobre la situación actual de la atención primaria, y puede que vaya intuyendo que existe un problema real. No es difícil darse cuenta de que estos titulares y soflamas manejan la información de una forma superficial y endeble hasta darle una forma alarmista a un problema que se anunciaba hace ya más de 10 años.  Un problema con el que convivimos, resignados o enfurecidos, según la posición y el carácter de cada cual.

Yo confieso que tengo ratos de resignación, pero la entrevista me enfureció sobremanera. Precisamente porque me identifico como médica de familia joven, comprometida con la profesión y con los pacientes, aunque mi compromiso organizativo (es decir, con la empresa) esté por los suelos. Oigo muchas quejas, muchas críticas, muchos malos augurios para los médicos como yo, pero apenas escucho propuestas de mejora.

Me hubiera encantado sentarme en la mesa de esa entrevista, participar del debate, hablar de tú a tú con ese médico que parece que ha perdido la esperanza e intentar comprenderlo.  ¿Sólo yo opino que faltan médicos jóvenes participando del debate? Hoy voy a escribir, hoy le voy a escribir, tan sólo mi punto de vista, tan sólo aquello que desearía que supiera todo el que se queja, critica o presagia nuestros desastres. Sencillamente voy a exponer aquellas cosas que estoy dispuesta a hacer para mejorar el panorama actual de nuestra atención primaria, para que mi compañero vea que no está tan sólo como le parece.

Estoy dispuesta a desplazarme para acudir a mi puesto de trabajo, de hecho, lo hago diariamente hasta un pueblecito a 35 km de mi casa. Estoy dispuesta a seguir utilizando mi propio vehículo personal en mi trabajo, incluso para realizar la asistencia urgente a pacientes, y a soportar los gastos de gasolina y mantenimiento de este sin que sea reconocido ni retribuido, como hacen cientos de compañeros en silencio.

Estoy dispuesta a trabajar en el medio rural, como de hecho trabajo, a sabiendas de que no disponemos de los mismos recursos y de la distancia que me separa de muchos servicios que son fundamentales para la salud de mis pacientes. Estoy trabajando sin dermatoscopio, sin ecógrafo, sin bisturí eléctrico, y lo que es de verdad grave, sin electrocardiograma en mi consultorio (el más cercano está a 10 km). Estoy dispuesta a seguir ejerciendo en el medio rural, donde las poblaciones no suelen superar los 1000 pacientes por médico, sólo allí encuentro el último reducto donde ejercer mi profesión con cierta serenidad sin sobrecargas de agenda, dando a cada cual el tiempo que necesita, siendo accesible y sin lista de espera. 

Estoy dispuesta a asumir la formación de profesionales residentes con una remuneración mínima, sin tiempo designado a la actividad docente (como de hecho muchos compañeros están haciendo). No podemos seguir formando a la mayoría de nuestros médicos en el medio urbano y esperar que al terminar su especialidad decidan mudarse al medio rural que desconocen, porque allí es donde más necesidad tenemos. Si no se valora lo que no se conoce, ¿Qué salida laboral esperan que valoren nuestros residentes?

Estoy dispuesta a compaginar mi trabajo en la consulta con las guardias (jornadas atención continuada de 17 horas), como de hecho hago, sabiendo que puede surgir una emergencia en medio de la noche y que tendremos que salir con el coche del centro de salud y puedo terminar incluso subida en una ambulancia. Pero necesito saber que puedo descansar al día siguiente (librar la guardia) y no estoy dispuesta a soportar turnos de atención continuada que pueden llegar a superar las 48 y hasta 72 horas encerrada en el centro de salud. No puede pagar el paciente un despiste que tuve por agotamiento.

Estoy dispuesta a trabajar algunos fines de semana y festivos, pero no estoy dispuesta a aceptar contratos exclusivamente de atención continuada. Me he formado en medicina familiar y comunitaria y mi profesión consiste en la atención longitudinal a los pacientes, no en trabajar cubriendo los huecos, cada día en una consulta y encadenando guardias los fines de semana y todos los festivos del año. Es imperativo cuidar a los profesionales que se encuentran trabajando de esta forma, no se merecen ser profesionales de segunda cuando están solucionando un problema estructural al que hay que encontrar otra solución.  Creo que debo asumir, junto con todos mis compañeros, la cobertura de una atención continuada que no puede ser responsabilidad de tan solo unos pocos médicos, ni de la urgencia hospitalaria.

Estoy dispuesta a trabajar con contratos temporales cuando esa es la necesidad existente. Pero perdonen que exponga mis dudas. No consigo entender por qué en mi comunidad se convoca un examen de oposición con más de 200 vacantes ofertadas y se decide adjudicar solamente 25 de ellas, para seguir abandonando al resto a la temporalidad.  Estoy dispuesta a aprobar también la siguiente oposición, claro que sí, es la única vía que me llevará a la longitudinalidad que ansío, pero no estoy dispuesta a escuchar sandeces sobre contratos que se dejan desiertos.

Estoy dispuesta a seguir acudiendo a sus llamamientos centralizados para cubrir las vacantes de otros médicos de familia, a sabiendas de que los hacen con la mínima anticipación (sacan la convocatoria oficial con menos de 24 horas de antelación), sin baremación previa de los méritos de los profesionales (se valoran tan solo una vez al año, cuando conviene), e incluso teniendo que estar en el paro o con contratos de días sueltos hasta que los convoquen. No estoy dispuesta a seguir encubriendo que las “movilizaciones” del personal sanitario se hacen siempre de esta manera, tarde y mal.

Estoy dispuesta a todo esto, y probablemente mucho más, si todos mis compañeros trabajan conmigo en igualdad de condiciones, minimizando las tremendas diferencias entre los profesionales rurales y urbanos, equiparando los derechos del personal fijo y el eventual o temporal. 

Esta es mi declaración de intenciones, la mía. Cada cual tiene la suya propia y deberían escuchar la de muchos de mis jóvenes compañeros para encontrar solución a esta “falta” de médicos. Para sorpresa de nadie, las condiciones de nuestro trabajo entre otros factores hacen que muchos compañeros jóvenes médicos de familia estén eligiendo la medicina privada, el trabajo en urgencias extrahospitalarias u hospitalarias, muchos repitan el examen MIR para hacer otra especialidad o emigren a otros países donde el trato es algo mejor. Los médicos que les faltan son los que dejan escapar; no lo digo yo, lo dice por ejemplo Juan Simó aquí: el super-bulo de la falta de médicos. 

Así que, sí, los médicos jóvenes de hoy en día hemos cambiado, como cabía esperar. No somos ni mejores ni peores, somos protagonistas de un escenario muy distinto.  Venimos de un proceso selectivo muy exigente para entrar en la universidad que culmina con una elección de la especialidad tremendamente sesgada. Cuando por fin nos convertimos en médicos de familia, hay tantos lugares en los que podemos trabajar que nos vemos en la tesitura de elegir, y hacerlo bien.  Tras el salto al mundo laboral nos encontramos, casi antes de empezar, con el desprestigio y las carencias de nuestra atención primaria que hacen sencillo instalarse en la cultura de la queja y no iniciar movilizaciones activas (que echo en falta).  Ojalá las herramientas (sindicatos, sociedades científicas, movimientos…), que tienen capacidad para organizar el relevo de la generación que abrió camino con la nuestra, lo hagan. Porque hacen falta cambios y obligatoriamente pasarán por nosotros.  Nuestra disposición, no será en absoluto incondicional, entonces me queda la duda… ¿vosotros, hasta dónde estáis dispuestos a llegar?

sábado, 16 de noviembre de 2024

16/11/2024: ¿Te apuntas conmigo? A propósito de mi caso

El viaje en tren después de un congreso es para mí un momento perfecto para la reflexión. Vengo del 44° congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia celebrado en Barcelona.

Si empiezo por el principio hace casi un año que empieza el proyecto que hoy no sé si se termina o por fin se inaugura.  Fue entonces cuando un mensaje de un buen amigo proponía una nueva aventura juntos: coordinar un monografico sobre laboratorio clínico en atención primaria (tema interesantísimo a mi parecer), en una revista de tirada nacional.  A priori el vértigo me inmovilizó, me abrumaba la responsabilidad y la carga de trabajo previsibles, y tuve miedo de no dar la talla y de verme obligada a sacrificar tiempo y esfuerzos sin éxito.  Pero como no me falta valor o inconsciencia (aún hoy no lo tengo claro), dije que sí, porque me cuesta mucho decir que no (y más a Carlos), y porque sabía que un proyecto tan interesante tenía la capacidad de volver a introducirme en el hábito del estudio, la lectura crítica, el trabajo en equipo y el disfrute de la medicina más allá de la consulta. 

Y así fue, acepté la propuesta de Carlos (se veía venir), confiando en que su compañía siguiera trayéndome golpes de suerte, como hace siempre.

Siguieron 11 meses de trabajo, estimulante y gratificante, no exento de tropiezos superados de la mano de mi socio; un trabajo que ha llegado a término de una forma espectacular.

Esta experiencia me ha permitido conocer a personas excepcionales, aprender no solo contenidos interesantísimos y de alto valor para mi profesión, sino también metodología de trabajo y de comunicación, estilos de redacción, normas de publicación...  Me ha acercado a autores impresionantes, que han hecho fácil un trabajo verdaderamente dificil.  He trabajado de noche, de día, en la consulta, en las guardias, sola, acompañada y hasta con una bebé colgando.  He leído innumerables artículos, borradores, notas, libros... He redactado miles de mensajes y correos que bien podrían haber hecho desesperar a mí compañero de fatigas, que ha sido tremendamente paciente y comprensivo como sólo puede serlo alguien que te aprecia de verdad.

Y cuando el trabajo de coordinación, redacción y revisión se terminó, culminamos con la presentación del monográfico en un congreso nacional que hace 6 años me recibió como médica residente, hace 3 me vió exponer este Diario ante una comunidad cientifica de profesionales que respeto, hoy me permite ser ponente en compañia de médicos a los que admiro, e incluso disfrutar de las ponencias de auténticas eminencias que al bajar de la tribuna se hacen uno de tantos.  Los congresos tienen el poder de reunir al personaje más pequeño junto al grande en una misma mesa.  Este congreso tiene el valor de hacerlo sin que medie financiación de la industria farmacéutica, libre de humos que intoxican.  El congreso Semfyc es punto de reunión de médicos de familia de toda España, es una inyección de entusiasmo para los que llegamos cansados y agobiados, una reafirmación del inmenso valor de la medicina de familia para los que tenemos la suerte de venir con optimismo.

Este congreso en Barcelona ha sido una experiencia inolvidable y, seguramente, no sólo para mí.  Mi participación en el monográfico de una revista como AMF (Actualización en Medicina de Familia) también la recordaré siempre con cariño.

Visto en perspectiva, ha merecido la pena decirle  que sí a Carlos y decirme que sí a mí.  Espero recordar en adelante que cuando un compañero propone un proyecto interesante, un curso, un congreso, una sesión, una lectura o cualquier aventura compartida, tendré que decirle que SÍ

viernes, 20 de septiembre de 2024

20/09/2024: Agradecimientos a mi primer destino rural


Hace un par de años yo era médica de familia urbana, y estaba tremendamente cansada. Mi vocación temblequeaba y me empujaba a abandonar y cambiar de especialidad. Pero por misteriosas razones, hace 9 meses decidí dar la ultima oportunidad a la medicina de familia acercándome al mundo rural.  Nunca me había resultado atractivo, sin embargo la medicina rural parecía el único refugio posible donde hacer medicina de la forma en que yo la entiendo.


Resultó que había tres pequeños pueblecitos de Teruel que se quedaban sin su médica, y aunque llegar hasta ellos en coche era complicado, prometían buenas vistas y muy buena gente, así que me lancé a la aventura.   Y hasta hoy, que me tengo que marchar porque aprobar una oposición, acumular méritos que aún nadie ha revisado y trabajar agusto con los compañeros y los pacientes no es suficiente para poder quedarme aquí; y alguien vendrá que un día también tendrá que marcharse.  Me voy a otro pueblecito a unos 30 km, con buenas vistas y buena gente a seguir enamorándome de la medicina rural un ratito más.  


No pretendo quejarme porque de nada sirve, no pretendo despedirme porque creo que volveré un día de estos.  Digamos que quiero compartir un resumen de mi experiencia y lanzar un grito en defensa de la medicina rural.


Aquí, en pueblos a los que sólo llegan carreteras serpenteantes, he descubierto que aún hay lugares en los que el tiempo por paciente puede ser el que cada cual necesite, donde no se trabaja con prisas todos los días.  Hay una medicina que, aunque no lo tiene todo a mano, tira de ingenio y sale adelante, hay una medicina que siempre va con las llaves, el ordenador y el maletín a cuestas, que depende del coche y de la climatología, que no lleva bata y va del forro polar al chaleco reflectante.  Hay una medicina que hace espaldas con enfermería, que trabaja codo con codo con la farmacia comunitaria, que se entiende bien con trabajo social.  La medicina rural me ha hecho dejar de ser la Dra Escorihuela, porque aquí tengo el honor de ser, sólo o además, María.


He tenido la suerte de conocer a unos pocos pacientes nuevos, unos han nacido mientras he estado aquí, otros han sufrido pero ya se encuentran mejor, otros tienen dolores que aún no han remitido y a unos cuantos los he acompañado hasta su muerte.  Quiero agradecer a todos ellos su paciencia cuando no me aprendo sus nombres a la primera ¡ni a la quinta!, agradezco las muchas docenas de huevos de corral, aceitunas y hortalizas que traen a escondidas a la consulta, agradezco la confianza que hay detrás de "dame cita un dia que estés tú" y el cariño del "si te vas a otro pueblo nos vamos contigo". Gracias por hablar en castellano en la consulta aunque os guste más el chapurriau que yo no manejo, y gracias a quien me dijo: "no hablarás como nosotros pero nos entiendes como nadie".  Gracias a todos por llenar mi consulta de momentos preciosos. 


He tenido la suerte de contar con los farmacéuticos que están al tanto de todas las medicaciones y recetas de los tres pueblos cuando yo no llego, con los alguaciles y los ayuntamientos que me cuidan los consultorios y pregonan mis horarios, con la trabajadora social que pasa para comentar los casos peliagudos, con las enfermeras que conocen el terreno y han sido mis guías tantas veces, con las administrativos que pilotan desde el otro lado del teléfono lo que les echen, con los compañeros médicos y los coordinadores que soportan más peso del que deben cuando la empresa no responde; cuento hasta con la tendera y los del bar del pueblo que me ayudan a reponer fuerzas.  Y es que aquí todos se conocen, todos te conocen y son accesibles, gracias a todos por ponerlo fácil y hacer que no quiera marcharme.


He aprendido muchas cosas gracias a vencer el miedo y la pereza iniciales que da formarse como médica en la ciudad y acabar trabajando en un pueblo.  He aprendido a ser más autosuficiente en consulta, a gestionar mis tiempos y los recursos menos accesibles, a estar sola a sabiendas de que siempre ha estado el equipo cerca de mi. 


No fue fácil venir hasta aquí, pero más difícil será marcharme ahora.  Nunca quise ser médica de pueblo como mi madre, y ahora creo haber encontrado mi sitio en el mundo rural.  No recordaba el nombre de estos pueblos de Teruel y ahora sé que no los olvidaré nunca.


He cambiado de opinión respecto a la medicina rural, he descubierto que me encanta y que debemos protegerla porque plantea suficientes retos como para necesitar a profesionales excelentes que la defiendan.  Por eso ahora, aunque cambio de pueblo, cambio de equipo y cambio de aires; la medicina rural no la cambio por nada.


Hasta pronto Fórnoles, hasta la vista Ráfales y hasta siempre La Portellada.



sábado, 6 de enero de 2024

07/01/2024: Empezar a volver y volver a empezar

Hace más de 8 meses que no escribo en mi diario, y es que Lucía nació para cambiarlo todo, cambiar mi vida, cambiarme a mi.  Mi hija es un tesoro que no merezco, ser su madre es la vocación más importante de mi vida, es maravilloso el vínculo indestructible que hay entre nosotras.

La maternidad es esa aventura de amor de la que todas hablan, sí, pero también tiene tintes de incertidumbre, inseguridad, alerta permanente, esfuerzo, agotamiento, lucha, desesperación...  Y de eso no hablamos tanto pero también nos acompaña.  Sobre todo, la maternidad trajo el cambio a mi mundo y mi vida hoy no sé parece en nada a la de hace un año.  Entonces percibía un vacío, un hueco que pedía a gritos llenarse y que sólo Lucía era capaz de ocupar.  Ahora ya no hay hueco, he dedicado estos meses por entero a cuidar y criar a Lucía que llena todos los minutos de mis días.  No hay hueco, pero sí quedaron algunas grietas en las que extraño algunas cosas que hace un año sí tenía, todo aquello que he aplazado por ser mamá.  Porque la maternidad implica también duelo silencioso por esas pérdidas o renuncias de tu vida anterior.

Y en este diario procede contar que extraño mi trabajo, echo de menos ser médica de familia.  Quizá porque me aportaba realización personal, reconocimiento social, sentimiento de pertenencia a un equipo y un colectivo.  Sobre todo era una forma de servicio a los demás con la que expresar mi agradecimiento a la vida, era mi ocupación mas allá de mi horario laboral, era mi pasión a la que había dedicado mi esfuerzo los últimos 12 años.  He echado mucho de menos la medicina de familia porque era parte importante de mi identidad.

Ahora es momento de recuperar todas las cosas que me hacen ser yo misma,  toca llenar las grietas, es hora de empezar a volver, entre otras cosas, a ser MFyC.  Quizá sea más bien volver a empezar porque he cambiado por completo el escenario desde la ciudad a los pueblos pequeños, seré parte de un nuevo equipo, descubriré nuevos pacientes, volverán las guardias ahora fuera del hospital, llegarán las horas de coche, la soledad de los consultorios, empezará una etapa de medicina rural.

Sospecho que me espera una medicina desconocida, pero no tengo miedo.  Empiezo una nueva aventura para la que me tengo que preparar y he decidido acompañarme de nuevo de mi diario.  Bienvenidos todos al Diario de una MFyC rural.

domingo, 9 de julio de 2023

09/07/2023: MFyC siendo paciente

Algo que te ocurre sin que te des cuenta cuando  eres médica y estás embarazada es que eres también paciente.

Es raro, es difícil, no eres una paciente normal aunque vayas como yo, sin comentar tu profesión.

Siempre me ha parecido que anunciar que eres médica cuando te está atendiendo un compañero puede ser peligroso.  Lo pienso porque yo he sido también médica de medicas.  A veces se tiende a no actuar como lo haces normalmente, a ir a otro ritmo, a pedir cosas que quizá no pedirías, utilizar vías que quizá no utilizarías, dar la información de una forma distinta quizá porque das por hecho conocimientos que se tienen por ser sanitario... Te sientes un poco más vigilada, quieres causar buena impresión y cometes el error de no ser la médica que siempre eres, y eso te puede llevar a cometer otros errores.

Por eso intento no decir en qué trabajo hasta que no tengo una mínima confianza con la persona que me atiende.  Esta vez, en las consultas de tocología (donde te sigue el embarazo el ginecólogo), no he tenido oportunidad de apenas comentarlo.  

He conocido a 8 médicos diferentes en mis 9 consultas de seguimiento, una más el día del parto, a 2 ecografistas, y pido perdón por no recordar siquiera el número de enfermeras que me habrán atendido.   Siento vergüenza al escribir esto.  Pertenezco a un sistema sanitario incapaz de ofrecer la longitudinalidad en la asistencia, ya ni en un solo proceso de salud autolimitado como son 9 meses de embarazo.

Bajo la sentencia "servicio jerarquizado" muere la longitudinalidad sin que a nadie le importe.  Se ofrecen a cambio consultas rápidas, biomédicas, eficientes en tiempo y recursos si miras desde fuera.  Pero desde dentro... no me he sentido acompañada, no era el lugar donde plantear mis dudas y mis miedos, he ido a consulta con los nervios propios de quien se presenta a un examen, deseando que peso y tensión saliesen bien y que al menos me dieran un feedback positivo sobre el curso del embarazo y el estado de mi hija.  

Los médicos que me atendieron siguieron todas las recomendaciones que dan las guías para controlar el embarazo, fueron puntuales y rápidos (ninguna de mis consultas duró más de 15 minutos, salvo las ecografías regladas), no cabe la queja.  Pero la mayoría de esos médicos no se presentó al empezar la consulta así que no supe a quien dirigirme, no me llamaron por mi nombre, una vez no dejaron que me acompañase mi pareja en la consulta, hasta en tres ocasiones no pude ver la ecografía que me estaban realizando (yo iba con la ilusión de ver de nuevo la carita y las manitas de mi pequeña moviéndose, aunque sólo fuera un segundo).   Ninguno de los médicos que me atendió conoció finalmente a mi hija... Entiendo que su objetivo es que la gestación y el parto concluyan de la mejor manera y ya está, pero el objetivo de sus pacientes no es otro que conocer por fin al bebé por el que se han sometido a todo ese proceso, por el que han ido preocupadas a todas las consultas, al que ansiaban ver en la ecografía.  Cuando por fin nace, quieres presentársela a quienes te han acompañado en el embarazo y normalmente están deseando conocerla.

Yo normalizaba este sistema porque pensaba que no había mucho más que hacer con lo que tenemos y que mientras se cumplieran los objetivos biomédicos íbamos tirando. Pero mi experiencia más reveladora fue una consulta del tercer trimestre. 

Salí de casa con mi pareja para asistir a lo que se suponía que era una última revisión y toma de cultivo.   En el centro médico me atendieron casi a mi hora y todo fue médicamente estupendo: me pesaron, me midieron tensión, me tomaron 2 cultivos, me hicieron ecografía y me dieron cita de resultados e indicaciones a seguir y la consulta duró unos 10 minutos, así que fue súper eficiente de nuevo.  Pero también fue la primera vez que me sentí vulnerable en una consulta, donde se supone que soy fuerte.   

De nuevo la doctora no se presentó y empezó a darme comandos que fui siguiendo, uno tras otro: "deja ahí tus cosas, pasa al peso, has perdido muy bien, siéntate ahí, súbete la manga a ver tensión, bien, pasa detrás de la cortina, quítate toda la parte de abajo, sube a la camilla, sube las piernas, muévete hacia abajo, cojo cultivo, súbete la camiseta que miramos la eco, está bien vale, limpiate con esto, bajate ya y vístete".  Una vez cumplidas las órdenes me quedé detrás de la cortinilla sola con mi tripón.  Nadie me ayudó a levantarme, me vestí haciendo equilibrios y mientras tanto la gine dijo algunas cosas más al otro lado de la cortina que solo mi marido escuchó bien y entendió.  Le contó cómo tomar el hierro y cuándo y cómo pedir la próxima cita. 

Salimos, él con papeles en la mano y yo con las zapatillas aún sin atar y aturdida.  Tuve que preguntarle qué había pasado y si todo estaba bien.  Intentando seguir el ritmo de las indicaciones no había sido consciente de nada. Me sentí frágil y un poco sola.  Sentirse así después de una consulta cuando eres médica, no es fácil de digerir... sentirse así seas quien seas no es admisible, nunca.

Entonces me di cuenta de que en mi embarazo hubo alguien que sí me acompañó en consulta y en clases de preparación al parto.  La matrona de mi centro de salud, mi matrona, se llama Ce y es extraordinaria.  Ce cumple también los protocolos de seguimiento en el embarazo.  Ella también me pesa, me mira tensión y me explora pero le cuesta un poco más de tiempo, habla menos, escucha más.  Ce no se presenta cuando llego porque ya nos conocemos, porque cuando entro en su consulta siempre encuentro a la misma persona y ella conoce cosas de mi que no salen en el ordenador, sabe que las citas me vienen mejor al principio o al final de la mañana, sabe que me preocupa un poco mi futuro laboral, sabe qué nombre quiero ponerle a mi hija.

Ce me informa de temas que envuelven tanto al embarazo como a la maternidad, me aconseja en cosas que no están en las guías pero que conviene saber, y lo hace siempre desde el respeto.  Antes de despedirse siempre me pregunta si tengo alguna duda, si necesito algo más.  

Tengo la sensación de que la conozco un poco, ella nos conoce, a mí, a mi pareja y ahora a mi hija, confiamos en ella.

Ser paciente, sentarme al otro lado de la mesa, subirme a la camilla, pasar por el quirófano me ha hecho conocer las distintas formas de ofrecer acompañamiento en los procesos de salud y enfermedad.  Apostar por la longitudinalidad es rentable, tanto para mejorar la experiencia de los pacientes (por eso te he contado la mía), como en términos absolutos de salud (hay ya estudios que demuestran que tener el mismo médico de familia más de 15 años reduce la mortalidad de la población un 30% ¿fuerte no?).

He visto clarísimo el contraste entre la asistencia longitudinal y la "parcheada" en mi propia piel. Tengo claro cómo debe ser, como debemos favorecer que sea y como quiero proporcionarla yo.

lunes, 3 de julio de 2023

03/07/2023: MFyC pensando en el futuro

Dejé de trabajar a los 6 meses de embarazo, después de una semana en la que hice un domicilio a un 4° piso sin ascensor arrastrando el maletín y los restos que quedaban de mí después de esas mañanas de más de 40 pacientes que prefieres olvidar.  Aún así, hubiera preferido seguir trabajando unas semanas más, pero necesitaba un poquito de adaptación de las condiciones del puesto (para no morir ahogada y agotada) y eso, en aquel momento, no era posible según el personal de riesgos laborales, no era necesario según mis jefas. 

Así que interrumpí mi vida laboral con la sensación de que a los sanitarios que estamos trabajando por encima de nuestras posibilidades nos cuidan más bien poco y tenemos apenas respaldo de nuestros superiores cuando más lo necesitamos.   

Ya en casa, sentada con las piernas en alto y el ánimo por los suelos, el leit motif de mi reflexión fue: "La atención primaria está agonizando, se hunde, intento ayudarla pero a nadie parezco importarle, me hundo... Necesito un plan B, un bote salvavidas que nos mantenga a flote a mi hija y a mi".

Pensé en varios planes de supervivencia: preparar la oposición (a todo el mundo parece tranquilizarle la estabilidad laboral aunque sea en el Titanic), la medicina privada (tendría mejores condiciones pero la universalidad de la asistencia naufragaría), la medicina penitenciaria (¿se supone que estoy huyendo de un barco que se hunde para subirme a una balsa a la deriva?...).  Pero quizá la que más esperanza me daba era pensar en repetir el examen MIR, hacer otra especialidad, cambiar de barco, algo que siempre dije que no haría.  

Tengo presente que si me vuelvo a presentar será para elegir, ya no con el corazón como la primera vez, sino con la cabeza.  Elegiría una especialidad que no se hunda o que lo haga mucho más despacio, que tenga un contacto con el paciente más limitado, que sea menos amplia, más abarcable, más cómoda, más respetada, que no desgaste tanto, con el respaldo de un hospital, con buena perspectiva laboral tras la residencia.  Una especialidad que aunque no me haga igual de feliz que lo hace la medicina de familia, al menos me deje sobrevivir.  Decir todo esto en voz alta fue de las cosas más duras que me he escuchado.

Pero antes de llegar a eso, antes de huir hacia adelante, antes de renunciar a un sueño, quiero darle (darme) la última oportunidad.  La medicina rural podría ser mi lancha motora.  

Tengo la esperanza de que allí aún quede algo de la esencia de esta profesión, de que sea quizá el último reducto de la medicina familiar y comunitaria de la que me enamoré.   Tampoco será fácil, tendrá sus desafíos, pero tengo más ganas de enfrentarme a lo desconocido que de seguir pegándome contra una pared que ya conozco. Tendré que averiguar en un futuro si estoy a la altura, si la medicina rural cumple mis expectativas y yo cumplo las suyas.

Y con toda esta vorágine de opciones, sólo una cosa estaba clara, mi hija Lucía iba a llegar a mi vida y yo quería que estuviera orgullosa de mi.  Quería y quiero contarle que fui MIR MFyC, y que sigo enamorada de la medicina de familia, y que no me rindo.  Buscaré la manera de disfrutar de ser médica y mamá.  Decidiré cuando llegue el momento, encontraré mi sitio, lo prometo.

sábado, 1 de julio de 2023

01/07/2023: Nuevo trabajo

Querido diario:

Desde hace dos meses he cambiado de trabajo radicalmente.  Voy a intentar describirlo en pocas palabras para que quede claro que soy inmensamente feliz pero a la vez estoy tremendamente agotada.  Soy mamá, soy la mamá de Lucía.

Pensarás que no cabe en este blog, que no tiene nada que ver con el trabajo, que ser mamá es una cosa y ser médica es otra, que se puede ser mamá médica y ya está.  

Pues te equivocas, cuando te cambia la vida por completo tu profesión tiene que adaptarse a tu nueva vida (no al contrario).  Esto es lo que hemos llamado "conciliación".  Aunque cuando se pone sobre la mesa suena genial y parece que es la solución, por ejemplo, para mamás trabajadoras; en realidad es como los tapetes de ganchillo de antes, no sirven de mucho pero quedan bien.   Las medidas de conciliación necesitan una actualización que proteja y cuide a la trabajadora para que ella pueda hacer lo mismo con sus pacientes y también con los suyos.  La conciliación tiene que volverse un mantel impermeable vaya.

Supongo que empiezas a explicarte, querido diario, porqué hace meses que no me ves el pelo.  Porque ahora, y hasta dentro de muchos meses, ya no soy MFyC, soy "sólo" mamá.  

Te pondré al día poco a poco porque quiero detenerme en 3 cosas que han pasado.  La primera es que he estado embarazada y eso me hizo pensar en el futuro y tomar decisiones.  La segunda es que he parido a mi hija, he sido paciente en lugar de médica en un momento decisivo de mi vida y me he dado cuenta de algunas cosas.  La tercera es que he sido, soy y siempre seré la mamá de Lucía, y decido ponerla por encima de todo, también de mi trabajo.

Te contaré esto y luego dejaré de contarte cosas.  Porque todo lo que ahora me pasa tiene que ver con la experiencia de ser madre.  Así que ahora tengo otro diario, menos ilustrado, más íntimo.  Un diario que habla de mí pero también de nosotras, y de todo eso que da miedo decir cuando eres mamá y aún escribirlo cuesta.

Así que de momento te prometo 3 páginas más, querido diario, y luego iremos viendo.

domingo, 10 de julio de 2022

10/07/2022: La "J" tiene su lado oscuro

Yo siempre me presento por mi nombre.  Mi apellido es precioso pero complicado, así que digo mi nombre a mis pacientes.  Todos recuerdan que me llamo María, sin embargo, muchos me devuelven tantos apelativos que creo que los voy a anotar en mi diario.  

Los más frecuentes son los que hablan de la bata que llevo puesta.  La mayoría me llama "doctora", otros "médica", incluso alguno sale diciendo "¡está la sustituta!".  No sé muy bien si lo hacen simplemente por soltar la primicia en la sala de espera, o buscando dar la voz de alarma para que los demás puedan huir a tiempo antes de que les invite a pasar.

Pero hoy quiero destacar los que hacen referencia a mi "corta" edad.  Van desde "señorita", "joven" o "chica", hasta "niña" o "nena".  Escucharlos me produce unas cosquillas en el oído interno que, dependiendo del tono, el contexto y la actitud del emisor, pueden ser cariñosas o, a veces, un poco desagradables.  

Y es que me he dado cuenta de que la "J" del título de mi diario, tiene su lado oscuro.  Cuando eres una joven médica de familia (JMFyC), y además aparentas serlo, tienes que demostrar tu capacidad con más esfuerzo que tus colegas médicos mayores, casi siempre.  No me parece injusto, a veces me parece agotador.  

Aunque asumo que este hándicap me va a acompañar un tiempo, aunque intento superar con elegancia el "niña, ponme bien la receta", y no brotarme con los "tú dame la baja nena"... Prometo que hay frases que me descolocan por completo:

  • "¡Qué suerte que tengas trabajo al terminar la carrera!"
  • "¿Ya terminas las prácticas?"
  • "Si no es indiscreción...¿Cuántos años tienes hija?"
  • "¿Y qué especialidad harás cuando acabes?"
  • "¡Qué gusto da ver médicas tan jovencitas!"
  • "Mi nieto empieza este año medicina, ¡igual vas a clase con él!"
  • "¡Trabajas muy bien para la edad que tienes niña!"

Al oírlas debo abrir los ojos como platos, mirando al paciente mientras sufro un síndrome de Benjamin Button que me va quitando años de encima rápidamente.  De repente noto que la bata me queda muy muy grande y yo me vuelvo muy muy pequeña.  En medio de estas escenas no me queda más opción que reírme mucho, agradecer lo que decido tomarme como un cumplido y explicar que ya no soy estudiante, ni practicante, ni MIR.  

Soy JMFyC, y la "J" está llena de energía pero a veces cuesta manejarla, es toda ilusión pero también inexperiencia, te da un aire como fresco pero a veces te devuelve un vendaval en contra.  La "J" es como una revolución interna algunos días, en los que me siento pequeña y grande a partes iguales.  La "J" es como el punto medio entre lo mucho que ya he superado para llegar a esta consulta, y todo lo que aún me queda por vivir dentro y fuera de ella.  

Igual es que de todo esto, mucho antes de que lo hiciera yo, los pacientes ya se dieron cuenta.  Igual me lo están haciendo saber con ocurrencias que me sacan una sonrisa en medio de la consulta.  Quizá sea más evidente de lo que creo que ahora soy JMFyC.

lunes, 13 de junio de 2022

13/06/2022: "Médica, como su madre"

Querido diario, esta primera entrada quiero dedicarla a alguien especial que hoy viene a mi recuerdo constantemente.  Permíteme que empiece entonces de otra forma.  

Querida abuela Chon:

Hoy me he acordado de aquellos días en los que salíamos a pasear tú, con tu lista de la compra, y yo, con mis 6 años.  Recuerdo que me cogías fuerte de la mano para que no me escapase cuando parábamos a saludar a esa vecina que a menudo te preguntaba: "¿y María qué quiere ser de mayor?"  Recuerdo que tú, orgullosa, contestabas: "médica, como su madre".  

Me hice mayor y decidí que sí, que la medicina era para mi.  Pero si podía elegir, no quería esa medicina de familia de mi madre.  Esa que hacía que pasase más horas en el centro de salud que conmigo, no quería esa medicina que le hacía conocer a todo el pueblo y coger capazos allá donde fuésemos, esa que le obligaba a perderse fines de semana y noches en casa, esa que le hacía estudiar tantísimo mientras yo dibujaba...   Aunque yo nunca quise ser médica de familia, tú seguías contestando "médica como su madre".  Y yo pensaba: "mi abuela no tiene ni idea".     Pero hace tiempo que me di cuenta de que sabías muy bien lo que decías, de que me conocías mejor que yo misma.   

Siento haber tardado y siento que te perdieses el día que entré en la facultad, el día de mi graduación, el día que cogí la plaza de MIR MFyC, el día que conseguí mi especialidad... y que hoy no estés aquí para ver esto, porque hoy ha sido uno de esos días más importantes de mi vida.  

He empezado a trabajar en el centro donde me formé.  Me han regalado un maletín nuevo, he comprado una agenda que se va a llenar de notas y nombres, tengo llaves que abren muchas puertas porque cada poco tiempo voy a mudarme de consulta, me he rodeado de buena gente que me puede echar una mano si lo necesito, llevo una foto tuya en el móvil por si algo no fuera del todo bien, por si te vuelvo a echar tanto de menos como hoy.  

Pero tú no te preocupes por mí, la ilusión no me cabe en la mochila abuela, esto es lo que siempre hemos querido, este es mi sueño, hoy soy Médica de Familia y Comunitaria.  

Abuela, hoy soy médica como mi madre, baja un momento a verlo. 

25/09/2026: No puedo dormir

No puedo dormir. En el silencio sigo escuchando una voz eléctrica que repite sin parar:  “Comprime, comprime, comprime, comprime”. ¿Cuándo s...