jueves, 28 de mayo de 2026

28/05/2026: El camino de regreso:

No me gustan las despedidas, la última llamada, la última consulta, la última visita. Hoy es nuestro último día juntos.

Al terminar recojo mis cosas en una caja que, estando medio llena, no puede soportar el peso de todo lo que me llevo de aquí.  La coloco en el maletero del coche junto a mis maletines y vuelvo al consultorio para bajar las persianas, apagar las luces y cerrar las puertas una última vez, mientras recuerdo lo que he vivido aquí dentro este último año y medio.

Dentro del consultorio oscuro y cerrado, no entiendo por qué, de repente estoy llorando.  Las lágrimas me hacen ver borroso todo el camino de regreso.

Pienso en la paciencia que ha tenido este pueblo conmigo al frente de su consulta. Han adaptado su ritmo a mi nuevo plan de cita previa, para dejar de trabajar sobre la marcha y programar una marcha de trabajo.  Han abastecido mi consulta de electrocardiograma y al pueblo de desfibrilador. Hemos dejado de pasar tanto miedo ante el dolor que oprime el pecho del paciente… y el del médico.

Juntos hemos sobrellevado el cierre de la farmacia, los retrasos de nuestro hospital, los brotes de gripe, las mudanzas que se llevan a nuestra gente pero traen nuevos vecinos. Hemos vivido el ocaso de pacientes muy queridos que hoy ya no están; sus nombres han quedado grabados en las losas, y en mi recuerdo.

Después de tanto tiempo podrán decir que me conocen un poco. Saben que soy aficionada a la ciencia pero que a veces no responde a todas mis incógnitas. Saben que si me preguntan por la salud de un vecino soy una tumba, pero que escucho siempre todo lo que tengan que decirme.

Saben que no siempre doy respuestas inmediatas. Me valgo del tiempo y la reflexión para diagnosticar y tratar con seguridad. Pero también saben que, cuando tengo una convicción o un presentimiento, no desisto.  Saben que el orden es para mi una necesidad en el trabajo, pero cuando la urgencia rompe mi equilibrio consigo priorizar y actuar con rapidez. 

Saben que, aunque lo intento, no siempre acierto, no siempre encuentro la mejor solución, y si en algo me equivoqué o no estuve a la altura, espero que me perdonen. 

Espero que sepan que durante este tiempo me he dedicado a conocer, acompañar y cuidar de las personas que me han necesitado, y eso me ha conducido inevitablemente a apreciar, incluso a querer a muchos de mis pacientes.  Algunos de sus nombres, vistos en la agenda de mi consulta, despiertan esa ternura que sólo una médica de familia conoce.

Han sido muchos los que han venido estos últimos días a consulta para despedirse, traer un detalle o simplemente tener una última conversación.  En muchos casos, la emoción se ha apoderado de la consulta y ha culminado en un abrazo, y el final del abrazo, en lágrimas suyas… y también mías.

Trabajando aquí he consolidado mi apuesta por la medicina rural, aquí he disfrutado de mi trabajo como médica de familia, aquí he sido feliz.

Gracias por todo, pacientes, pueblo, equipo: gracias.

Lo siento, de verdad: no me gustan las despedidas porque no me gusta marcharme. Pero me voy al lugar que será, por fin, la plaza en propiedad que perseguía, vuelvo a los pueblos que me dieron la bienvenida a esta comarca hace tres años, vuelvo al que fue mi primer destino en medicina rural.  

Esta tierra me ha atrapado y no me puedo ir muy lejos. Sabed que soy de esas personas que no olvidan el camino de regreso.

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